Hay personas que no llegan a un lugar: lo habitan. Alejandro es una de ellas.
Criado en Buenos Aires, su infancia y juventud transcurrieron entre fines de semana fuera de la ciudad, deportes al aire libre y cabalgatas en la región pampeana. Ese vínculo temprano con el espacio abierto fue moldeando una forma de estar en el mundo: observar primero, avanzar después.

Formado en Turismo, sus primeros pasos profesionales lo llevaron al norte del país, a la selva misionera, donde realizó un voluntariado como Guía Naturalista. Allí, entre senderos húmedos y silencios espesos, terminó de consolidarse un interés profundo por la naturaleza como experiencia viva y compartida.
El horizonte, sin embargo, estaba más al sur.

En 2003 llegó a la Patagonia y se estableció en El Calafate, territorio que desde entonces habita y recorre con una mirada paciente. Hoy es Guía Profesional de Turismo en el Parque Nacional Los Glaciares y en la provincia de Santa Cruz.
Durante varios años combinó su trabajo en campo con la docencia, enseñando Geografía de Argentina y Geografía de Patagonia en el instituto local de formación de guías profesionales (CES De Agostini).

La observación de aves, la fotografía de naturaleza y la lectura atenta del paisaje forman parte de su práctica cotidiana. No como acumulación de registros, sino como ejercicio de presencia sostenida.
En esa misma línea, es coordinador del Club de Observadores de Aves de El Calafate, junto a amigos, colegas y vecinos de la comunidad. Además, participa activamente en la Fundación Patrimonio Patagonia en tareas de monitoreo de aves.
Desde allí impulsan salidas educativas, cursos abiertos, censos de aves y jornadas de limpieza en los humedales locales: acciones pequeñas, sostenidas, que construyen vínculo con el entorno.

Alejandro también integra la Asociación de Fotógrafos de Naturaleza de Argentina (AFONA), participando en muestras colectivas, y publicó recientemente un libro para la Municipalidad de El Calafate con fotografías de paisajes y fauna nativa.
Desde Destino Glaciares, Alejandro se suma como colaborador habitual. Sus aportes nacen del andar lento, de la observación prolongada y del conocimiento profundo del territorio. Una forma de estar que coincide con la identidad de este proyecto: simpleza, atención y respeto por los tiempos del paisaje.
En un mundo que acelera, elegir la calma también es una decisión editorial.
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