Select Page
Por Alejandro Capelli

La primavera vuelve a traer movimiento a nuestros humedales. Llegan las aves migratorias y, entre ellas, el Chorlito ceniciento, una especie pequeña y particular que cada año vuelve a estos paisajes para reproducirse.

En estos días comienza una nueva temporada de nidificación y, con ella, también nuestra responsabilidad de prestar un poco más de atención a los lugares por donde caminamos.

Los nidos son pequeños, los huevos están perfectamente camuflados entre las piedras y muchas veces están ahí sin que lleguemos a verlos.

Por eso, compartir el humedal con estas aves no significa dejar de disfrutarlo. Significa hacerlo de otra manera: más despacio, atentos y respetando su espacio.

Junto a Ambiente Sur venimos siguiendo de cerca esta temporada y queremos compartir algunas cosas sencillas que todos podemos hacer para ayudar a que el Chorlito ceniciento siga encontrando en estos lugares un sitio donde volver.

Porque, como muchas veces ocurre en la naturaleza, disfrutar también es aprender a no hacer daño.

Una pequeña ave, un territorio enorme

El Chorlito ceniciento (Pluvianellus socialis) es una de las aves playeras más particulares de la Patagonia austral. En Argentina lo conocemos como Chorlito ceniciento y en Chile como Chorlo de Magallanes, aunque se trata de la misma especie, que se mueve entre distintos ambientes de ambos países.

Por eso es tan importante el trabajo conjunto que desde hace años realizan organizaciones de Argentina y Chile a través del Proyecto Pluvianellus, formalizado en 2021.

Es una especie que necesita distintos ambientes a lo largo de su ciclo y que nos ayuda también a entender cómo se encuentran esos lugares. Las aves son buenas indicadoras de la salud de los ambientes que habitan, y protegerlas muchas veces significa proteger mucho más que a una sola especie.

 

El humedal, otra vez

En El Calafate tenemos la particularidad de que uno de sus lugares de nidificación está prácticamente al lado de la ciudad.

El humedal calafateño es uno de los sitios donde el chorlito vuelve cada temporada. Junto a Ambiente Sur, la Fundación Patrimonio de Patagonia y la Reserva Laguna Nimez se realizan monitoreos para localizar los ejemplares y encontrar y proteger sus nidos.

Durante algunas temporadas se han registrado hasta once individuos en el humedal. Puede parecer un número pequeño, pero cuando hablamos de una especie cuya población mundial monitoreada nunca superó los 400 individuos, cada lugar de reproducción adquiere una importancia enorme.

Además, una misma pareja puede realizar distintas puestas durante la temporada. Por eso los cuidados no terminan cuando encontramos el primer nido: se extienden durante buena parte del verano.

Casi invisibles

El Chorlito busca para nidificar sectores de pequeñas piedras, canto rodado y arena, especialmente esas franjas de tierra que quedan expuestas junto al agua.

Y ahí está una de las mayores dificultades.

Los huevos tienen un camuflaje extraordinario. Se confunden con las piedras y pueden pasar completamente inadvertidos.

Una bicicleta puede pasar a pocos centímetros de un nido sin que su conductor se dé cuenta.

Por eso, durante estos meses es importante evitar circular en bicicleta por los sectores donde se concentra la especie y no ingresar con vehículos motorizados a las zonas de nidificación.

Cuando caminamos, en cambio, tenemos otra velocidad. Podemos mirar, detenernos, observar el comportamiento de las aves y elegir por dónde seguir.

No se trata de dejar de disfrutar el lugar. Se trata de hacerlo de una manera que también permita que las aves lo sigan habitando.

También con los perros

El humedal y las costas cercanas son lugares muy lindos para salir a caminar con nuestros perros. Pero durante la temporada reproductiva hay que prestar especial atención.

Un perro suelto puede perseguir a un ave, alejarla de su territorio o llegar hasta un nido y predar sobre los huevos.

Por eso, si vamos a transitar por estos ambientes con una mascota, lo recomendable es llevarla con correa y, especialmente en los sectores donde se concentra la fauna, evitar que se acerque a las aves.

Parece una acción pequeña.

Y justamente de eso se trata.

Seguir caminando

La Isla Solitaria es uno de los lugares que muchas personas eligen para caminar durante la primvaera cuando las condiciones permiten llegar hasta allí. No buscamos que dejemos de hacerlo.

Al contrario.

Estos paisajes están para ser recorridos, observados y disfrutados.

Pero también son el lugar donde otras especies cumplen sus propios ciclos. Algunas llegan desde muy lejos para reproducirse aquí y necesitan solamente un pequeño espacio de tranquilidad para hacerlo.

El Chorlito ceniciento es una especie que todavía nos plantea muchas preguntas. Los monitoreos realizados durante los últimos años permitieron conocer mejor su situación y también entender que su población es mucho menor de lo que durante décadas se había estimado.

Hoy está considerada vulnerable a nivel global y las organizaciones que trabajan con ella consideran necesario seguir profundizando los estudios y las acciones de conservación.

Ambiente Sur, junto con otras organizaciones de Argentina y Chile, sostiene este trabajo durante todo el año.

Y nosotros también podemos formar parte, aunque sea de una manera mucho más sencilla.

Mirando.

Prestando atención.

Llevando al perro con correa.

Bajándonos de la bicicleta en los lugares donde puede haber nidificación.

Y, sobre todo, entendiendo que disfrutar un paisaje no significa que tengamos que ocuparlo por completo.

A veces alcanza con caminar un poco más despacio.

El chorlito ceniciento está ahí.

Tal vez no lo veamos.

Pero eso no significa que no esté.

Y quizás una de las mejores maneras de compartir la Patagonia sea justamente esa: disfrutarla sin hacer daño.

Alejandro Capelli
Fotógrafo de naturaleza · Guía profesional de turismo · Conservacionista