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«Rayos de sol caen en el claro espejo donde habita la libertad. Dentro del ejido urbano de Calafate, a unos 800 m. del centro, atrapa, binocular en mano, una zona de laguna relajada donde cada año anidan y migran más de 100 especies de aves. La reserva natural Nimez, cuna mimada del birdwatching, la conservación y la santa paz».

Nuestros antepasados eran capaces de volar y seguir su instinto, como las aves… Quizás por eso, hoy ellas nos recuerdan la unión más real entre el cielo y la tierra.

Tito Narosky – con 89 años bien llevados – es una leyenda viva del avistamiento argentino. Si lo hubiésemos conocido allá por su etapa de juventud, posiblemente entenderíamos como pudo pasar una vida dedicada a los pájaros, desde aquella tarde en que decidió salir de recorrida a un pueblito de campo y sintió el llamado de la naturaleza más absoluta, la que más allá de los 30 elegiría definitivamente hasta envolverla en pasión, trabajo y dotar de sentido a su existencia.

La Nimez

Mágica y serena, es posiblemente la descripción más justa que se encuentre de la sensación que se tiene al llegar a la Laguna Nimez, también visitada por él. Un viaje digno de hacerse al centro de la observación de aves más austral, con un recorrido de 3 kilómetros y 2 horas, – entre vegetación nativa, humedal imponente y follaje tambaleante al ritmo de brisa sureña – que apabulla y da majestuosa visual llegando a las orillas mismas del Lago Argentino y Bahía Redonda. Un mantra que aleja de la rutina regala alas al espíritu y colma. Esencia que le dicen, entre el ligero sonido del agua, el idioma incesante de las guardianas venidas de largos viajes y nuestro silencio, necesario.

Desde hace más de cien años la organización Aves Argentinas, la UNPA que dirige la Reserva desde hace veinte, y AGUISAC esta con una década de trabajo de cuidado en el área, concientizan y protegen sobre las aves silvestres, las reservas urbanas y su valor en la supervivencia de los espacios verdes, al ser despenseras de semillas, comedoras de insectos y centinelas de la calidad ambiental y su impacto en la especie humana, al tiempo que cultivan el sano hábito de admirarlas.

 

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Después de todo, ansiamos la libertad, por eso, cuando se siente esa vibra ya no se puede volver atrás y uno imagina que en algún momento explorará también, que descubrirá esas aves, que las verá danzar en esa misma laguna, fotografiando con la misma panorámica que otros alcanzan al son del viento volando el cabello. Un pendiente que anida al que sí o sí hay que escuchar y volver, ni falta hace saber sus nombres, ser ornitólogo o tener el mejor equipo, alcanza con emocionarse con su figura y nutrirse con su canto. Lo simple. El detalle. Lo trascendente, bordado en nuevas historias.

 

La Nimez siempre está lista y las aves reposan como reconquistando lo suyo. Lo hacen. Hoy, caminarla es encontrarse con 35 años de historia resumidas en uno de los mayores humedales de interés en la provincia y la región, encontrándose con el sueño de la riqueza en ecosistema acuático: geografía que es sitio de cría y hábitat de miles de aves pintorescas. Resguardando en invierno a cerca de 30 especies residentes que viven todo el año, a la espera de reunirse con las migratorias que arriban para la época de primavera. Aquí, como en pocos lugares, su rica fauna, censada cada año, es enorme gracias a las cerca de 130 especies que se dan cita y conviven: como las loicas – las clásicas aves de pecho rojo calafateñas, elegidas en 2013 como “ave símbolo”-, el flamenco austral, cisne de cuello negro y coscoroba, chorlito ceniciento, teros, patos, chimangos y caranchos.

Aterrizaje y vuelta a volar. Amaneceres y atardeceres que dibujan ritual. El tiempo pasa breve. Hermosas aves que nos regalan al mirar una oda dancística entre matices únicos que envuelven el cielo y parecen llevarnos con ellas al son del revoloteo y la confirmación de que tenemos más con menos, de que hay algo inmenso, y así está bien. Entonces sí, ver y oír es suficiente, como lo fue para Tito un día cualquiera cuando avistaba fascinado sus primeras aves con la promesa de algún día difundir lo que hoy es hobby, arte y forma de vida.